No existe una línea en la que mantenerse neutral, o estás dentro o estás fuera. No hay una práctica neutra: o incluyes o excluyes. Si te miro te incluyo, si no te miro a ti como eres y te tengo en cuenta en tu verdad -y no en mi teoría o ideal-, te excluyo.
En la Sede de Naciones Unidas, los países miembros están cocinando un texto. Ya sabemos que sería mejor una poesía sugerente e inspiradora y no una parca receta pero así es. Y será además un texto que marcará el compromiso para los cinco años siguientes de los Estados firmantes en referencia a los derechos de las niñas y mujeres; es decir, de compromiso en la protección y promoción de la dignidad de más de la mitad de la población mundial.
La crisis parece servir como excusa perfecta para todo; enfocada además como si una catástrofe natural se nos hubiera venido encima, en lugar de reconocer el fracaso de los Estados en su responsabilidad de proteger los derechos de las personas que en ellos viven, y evidenciado que el modelo económico no tiene en el centro a las personas y no tiene capacidad de corregir por sí mismo.
Crisis por cierto que –según UNIFEM- ha agravado las desigualdades de género en todo el mundo puesto que la situación de partida de hombres y mujeres al inicio de la recesión económica era muy diferente y, pese a que los desafíos son diversos según las áreas geográficas, en todas las regiones destaca el impacto significativo de la crisis económica sobre las mujeres y niñas.
Hoy Roseline Towah -Secretaria General del YWEA de Liberia- nos describía que después de la debilidad posterior a los 14 años de guerra y gracias a los compromisos de Dakar ratificados por su país en 2000, la educación estaba suponiendo una verdadera herramienta de cambio personal y comunitario a través de la cual las niñas iban tomando conciencia de sus capacidades, de sus recursos y de sus libertades.
Eso sí, nos contaba la experiencia de un programa de educación no formal en el que trabajaban con enfoque de género desde el reconocimiento de que la situación que enfrentan las niñas y los niños es diferente y son tomadas en cuenta de manera específica, pues si no, estos procesos educativos continúan reproduciendo desigualdades.
Está claro que la educación nunca es neutra ( P. Freire) y actuar sin perspectiva de género no supone sólo una perpetuación de la desigualdad si no, ir dejando atrás la oportunidad de que niñas concretas con ojos y corazón, nombres y apellido se queden atrás. En educación, como en las relaciones de la vida diaria y en las leyes de los Estados, o incluimos o excluimos.
Las ONGs y movimientos de mujeres presentes en este Foro y muchísimas otras que no han podido estar aquí y nunca estarán, esperamos que los gobiernos finalmente den un paso adelante en la inclusión, en la lucha por la igualdad de niñas, niños, mujeres y hombres.
Queremos mirar y dar la palabra, no porque seamos buenas personas si no por justicia social, por derecho y por verdad de las propias personas.
Deseamos que gane el “in”.